jueves, 6 de julio de 2017

¿Han abrazado las comunidades Reformadas la fe católica?

por Néstor Martínez 
Las Iglesias han abrazado  el consenso ecuménico alcanzado entre católicos y luteranos sobre la doctrina de la Justificación, firmado en Octubre de 1999.
En noticia reciente se informa que la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas asume la doctrina católica de la justificación, y se explica que lo que estas Iglesias han abrazado es el consenso ecuménico alcanzado entre católicos y luteranos sobre la doctrina de la Justificación, firmado en Octubre de 1999.
Para clarificar el alcance de ese evento publicamos aquí una traducción de la Respuesta oficial de la Iglesia Católica al acuerdo Católico – Luterano en cuestión, publicada en Noviembre de 1999, donde se ve que todavía no se ha llegado a la unidad en la doctrina de fe acerca de la justificación.
Entendemos que en ese sentido se debe matizar la afirmación de Mons. Farrell según la cual “en el fondo tenemos la misma visión de esta doctrina“, refiriéndose a a doctrina de la justificación.
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/documents/rc_pc_chrstuni_doc_01081998_off-answer-catholic_en.html
Respuesta de la Iglesia Católica a la declaración común de la Iglesia Católica y la federación mundial luterana sobre la doctrina de la justificación.
Declaración.
1.-La “Declaración Conjunta de la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial sobre la Doctrina de la Justificación” representa un progreso significativo en la comprensión mutua y en la concertación en el diálogo de las partes interesadas; muestra que hay muchos puntos de convergencia entre la posición católica y la posición luterana en una cuestión que ha sido durante siglos tan controvertida. Ciertamente puede afirmarse que se ha alcanzado un alto grado de acuerdo, tanto en lo que se refiere al planteamiento de la cuestión como al juicio que merece (1). Se dice con razón que existe “un consenso en verdades básicas de la doctrina de la justificación” (2).
2.-La Iglesia Católica es, sin embargo, de la opinión de que todavía no podemos hablar de un consenso que eliminaría toda diferencia entre católicos y luteranos en la comprensión de la justificación. La propia Declaración Conjunta se refiere a algunas de estas diferencias. En algunos puntos las posiciones son, de hecho, todavía divergentes. Por lo tanto, sobre la base del acuerdo ya alcanzado en muchos aspectos, la Iglesia Católica tiene la intención de contribuir a superar las divergencias que todavía existen, sugiriendo, por debajo, en orden de importancia, una lista de puntos que constituyen todavía un obstáculo para el acuerdo entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial sobre todas las verdades fundamentales relativas a la justificación. La Iglesia católica espera que las siguientes indicaciones sirvan de estímulo para continuar el estudio de estas cuestiones con el mismo espíritu fraterno que en los últimos tiempos ha caracterizado el diálogo entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial.
Clarificaciones
1. Las principales dificultades que impiden la afirmación de un consenso total entre las partes sobre el tema de la justificación se presentan en el párrafo 4.4 El justificado como pecador(nn 28-1,0). Incluso teniendo en cuenta las diferencias, legítimas en sí mismas, que proceden de diferentes enfoques teológicos del contenido de la fe, desde el punto de vista católico el título ya es causa de perplejidad. De acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica, en el bautismo todo lo que es realmente pecado es quitado, y así, en los que nacen de nuevo no hay nada que sea odioso a Dios. De ello se deduce que la concupiscencia que permanece en los bautizados no es, propiamente hablando, pecado. Para los católicos, por lo tanto, la fórmula “al mismo tiempo justo y pecador“, como se explica al principio de n. 29 (“Los creyentes son totalmente justos, en que Dios perdona sus pecados a través de la Palabra y el Sacramento … Mirando a sí mismos … sin embargo, reconocen que permanecen también totalmente pecadores. El pecado todavía vive en ellos …”), es inaceptable.
De hecho, esta afirmación no parece compatible con la renovación y santificación del hombre interior de que habla el Concilio de Trento (4). La expresión “Oposición a Dios” (Gottwidrigkeit) que se usa en nn. 28-30 es entendido de manera diferente por los luteranos y por los católicos, y así se vuelve, de hecho, equívoca. En este mismo sentido, puede haber ambigüedad para un católico en la oración de n. 22, “… Dios ya no les imputa su pecado y por medio del Espíritu Santo produce en ellos un amor activo“, porque la transformación interior del hombre no se ve claramente. Así, por todas estas razones, sigue siendo difícil ver cómo, en el estado actual de la presentación dada en la Declaración Conjunta, podemos decir que esta doctrina sobre “simul iustus et peccator” no es tocada por los anatemas del Decreto Tridentino sobre el pecado original y la justificación.
2. Otra dificultad surge en el n.18 de la Declaración Conjunta, donde aparece una clara diferencia en la importancia, para los católicos y para los luteranos, de la doctrina de la justificación como criterio para la vida y la práctica de la Iglesia.
Mientras que para los luteranos esta doctrina ha adquirido un significado totalmente particular, para la Iglesia católica el mensaje de justificación, según la Escritura y desde la época de los Padres, debe integrarse orgánicamente en el criterio fundamental de la regula fidei, es decir, la confesión del Dios único en tres personas, centrado en la cristología y arraigado en la Iglesia viviente y en su vida sacramental.
3. Como se indica en el n. 17 de la Declaración Conjunta, los luteranos y los católicos comparten la convicción común de que la nueva vida proviene de la misericordia divina y no de ningún mérito nuestro. Sin embargo, debe recordarse -como se afirma en 2 Cor 5:17- que esta misericordia divina produce una nueva creación y así hace al hombre capaz de responder al don de Dios, de cooperar con la gracia. En este sentido, la Iglesia Católica observa con satisfacción que el n. 21, de conformidad con el can. 4 del Decreto de Justificación del Concilio de Trento (DS 1554) establece que el hombre puede rechazar la gracia;  pero también hay que afirmar que, con esta libertad de rechazar, hay también una nueva capacidad de adherirse a la voluntad divina, capacidad que se llama con razón “cooperatio“. Esta nueva capacidad dada en la nueva creación, no nos permite utilizar en este contexto la expresión “meramente pasiva” (n ° 21). Por otra parte, el hecho de que esta capacidad tenga el carácter de un don se expresa bien en el cap. 5 (DS 1525) del Decreto Tridentino cuando dice: “ita ut tangente Deo cor hominis por Spiritus Sancti illuminationem, neque homo ipse nihil omnino agat, inspiración illam recipiens, quippe qui illam et abicere potest, neque tamen sine gratia Dei movere se Ad iustitiam coram illo libera sua voluntate possit “.
[de suerte que, al tocar Dios el corazón del hombre por la iluminación del Espíritu Santo, ni puede decirse que el hombre mismo no hace nada en absoluto al recibir aquella inspiración, puesto que puede también rechazarla; ni tampoco, sin la gracia de Dios, puede moverse, por su libre voluntad, a ser justo delante de El ]
En realidad, también en el lado luterano, está la afirmación, en el n. 21, de una plena participación personal en la fe ("los creyentes están plenamente involucrados personalmente en su fe").
Sin embargo, sería necesaria una aclaración en cuanto a la compatibilidad de esta implicación con la recepción “meramente pasiva” de la justificación, a fin de determinar con mayor precisión el grado de consenso con la doctrina católica. En cuanto a la sentencia final del n. 24: “El don de Dios de la gracia en la justificación permanece independiente de la cooperación humana“, esto debe entenderse en el sentido de que los dones de la gracia de Dios no dependen de las obras del hombre, pero no en el sentido de que la justificación puede tener lugar sin la cooperación humana. La sentencia de n. 19 según la cual la libertad del hombre “no es libertad en relación con la salvación“debe, igualmente, estar relacionada con la imposibilidad para el hombre de alcanzar la justificación por sus propios esfuerzos.
La Iglesia católica sostiene, además, que las buenas obras de los justificados son siempre el fruto de la gracia. Pero al mismo tiempo, y sin disminuir de ninguna manera la iniciativa totalmente divina (5), son también el fruto del hombre, justificado e interiormente transformado. Por lo tanto, podemos decir que la vida eterna es, a la vez,  gracia y la recompensa dada por Dios por las buenas obras y los méritos (6). Esta doctrina resulta de la transformación interior del hombre a la que nos referimos en el n.1 de esta “Nota". Estas aclaraciones son una ayuda para una comprensión correcta, desde el punto de vista católico, del párrafo 4.7 (nn.37-39) sobre las buenas obras de los justificados.
4. Para profundizar en este estudio, será necesario tratar también el sacramento de la penitencia, que se menciona en el n. 30 de la Declaración Conjunta. De acuerdo con el Concilio de Trento, de hecho (7), a través de este sacramento el pecador puede ser justificado de nuevo (rursus iustificari):esto implica la posibilidad, a través de este sacramento, en tanto que distinto del bautismo, de recuperar la justicia perdida (8). Estos aspectos no están suficientemente anotados en el n. 30.
5. Estas observaciones pretenden una explicación más precisa de la enseñanza de la Iglesia Católica en relación con los puntos en los que no se ha llegado a un acuerdo completo; también están destinadas a completar algunos de los párrafos que explican la doctrina católica, con el fin de destacar más claramente el grado de consenso alcanzado. El nivel de acuerdo es alto, pero todavía no nos permite afirmar que todas las diferencias que separan a los católicos y luteranos en la doctrina acerca de la justificación son simplemente una cuestión de énfasis o de lenguaje. Algunas de estas diferencias se refieren a aspectos de sustancia y por lo tanto no son mutuamente compatibles, como se afirma al contrario en el n. 40.
Si, además, es cierto que en las verdades sobre las que se ha llegado a un consenso las condenas del Concilio de Trento ya no se aplican, las divergencias sobre otros puntos deben, por el contrario, superarse antes de que podamos afirmar, como se hace genéricamente en el n. 41, que estos puntos ya no incurren en las condenas del Concilio de Trento. Esto se aplica, en primer lugar, a la doctrina de“simul iustus et peccator“ (véase el apartado l).
6. Debemos señalar finalmente, desde el punto de vista de su calidad representativa, el carácter distinto de los dos signatarios de la presente Declaración Común. La Iglesia Católica reconoce el gran esfuerzo realizado por la Federación Luterana Mundial para llegar, mediante la consulta de los Sínodos, a un “magnus consensus“, para dar así un verdadero valor eclesial a su firma; queda sin embargo la cuestión de la autoridad real de un consenso sinodal, hoy y mañana, en la vida y doctrina de la comunidad luterana.
Perspectivas para el trabajo futuro.
7. La Iglesia católica desea reiterar su esperanza de que este importante paso hacia un acuerdo en la doctrina sobre la justificación pueda ser seguido por estudios adicionales que permitan una aclaración satisfactoria de las divergencias que aún existen. Particularmente deseable sería una reflexión más profunda sobre el fundamento bíblico que es la base común de la doctrina sobre la justificación tanto para los católicos como para los luteranos. Esta reflexión debe extenderse al Nuevo Testamento como un todo y no sólo a los escritos paulinos. Si es verdad que San Pablo es el autor del Nuevo Testamento que más ha hablado sobre este tema, y ​​este hecho requiere cierta atención preferencial, tampoco faltan referencias sustanciales a este tema en otros escritos del Nuevo Testamento.  En cuanto a las diversas maneras en que Pablo describe la nueva condición del hombre, como se menciona en la Declaración Conjunta, podríamos agregar las categorías de filiación y de herederos. (Gal 4: 4-7, Rom 8: 14-17). La consideración de todos estos elementos será de gran ayuda para la comprensión mutua y permitirá resolver las divergencias que todavía existen en la doctrina sobre la justificación.
8. Por último, debe ser una preocupación común de los luteranos y católicos encontrar un lenguaje que pueda hacer que la doctrina sobre la justificación sea más inteligible también para los hombres y mujeres de nuestros días. Las verdades fundamentales de la salvación dada por Cristo y recibida en la fe, del primado de la gracia sobre toda iniciativa humana, del don del Espíritu Santo que nos hace capaces de vivir según nuestra condición de hijos de Dios, etc. Estos son aspectos esenciales del mensaje cristiano que debe ser una luz para los creyentes de todos los tiempos.

1) cfr. “Declaración Conjunta", n. 4: “ein hohes Mass an gemeinsamer Ausrichtung und gemeinsamem Urteil".
(2) ibid. n-5 : “einen Konsens in Grundwahrheiten der Rechtfertigungslehre” (cf. n. 13;40; 43 ).
(3) cf. Concilio de Trento, Decreto sobre el pecado original (DS 1515).
(4) cf. Concilio de Trento, Decreto sobre la justificación, cap. 8: “… iustificatio … quae non est sola peccatorum remissio, sed et sanctificatio et renovatio interioris hominis” (DS 1528); cf. también can. 11 (DS 15619).
(5) cf. Concilio de Trento, Decreto de Justificación, cap. 16 (DS 1546), que cita Jn 15,5: la vid y las ramas.
(6) cf. ibídem. DS 1545; y can. 26 (DS 1576)
(7) ibid. cap. 14 (cf. DS 1542)
(8) cf. ibídem. can. 29 (DS 1579); Decreto sobre el sacramento de la Penitencia, cap. 2 (DS 1671); can.2 (DS 1702).
Esta Nota, que constituye la Respuesta Católica oficial al texto de la Declaración Conjunta, ha sido preparada de común acuerdo entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Está firmada por el Presidente del mismo Consejo Pontificio, que es directamente responsable del diálogo ecuménico.


* Pintura: Calvino.
InfoCatólica. Blog no sin grave daño (5/7/17)


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